En la salud y en la enfermedad
Cuando comentó que tenía cita con el especialista, una mueca de asombro se dibujó en el rostro de su marido y en el del resto de su familia. Había callado todo lo humanamente posible, pero ahora, sus consultas médicas ya no podían caber dentro del secretismo. Nunca les había comentado nada a ellos porque no quería preocuparles con sus cuitas y aflicciones tribuladamente quejumbrosas. Pero aquello ya era imposible de ocultar.
Y estaba allá en la sala de espera, nervioso, inquieto, mordiéndose las uñas, imposible estar sentado más de cinco minutos seguidos. En su derredor se movían familias enteras de hasta tres generaciones, abuelos, padres y nietos, y un murmullo de cafetería más que de una sala de espera de la antesala de las mesas de operaciones, de los quirófanos, se difuminaba a su alrededor, pero él se diferenciaba de todos ellos, sentado, tamborileaba con su pie derecho sobre las enceradas baldosas de la sala de espera, no era nerviosismo únicamente, era preocupación y miedo, estaba aterrado. Salió al pasillo y como un autómata sacó un café con leche de la máquina. Vaya una estupidez. Tomarse un café, con lo nervioso que estaba. Y además abrasaba. Joder, se había quemado los labios, y el palillo para remover el azúcar se hallaba perdido en el maremagnum de la capa espumosa superior. Su cuerpo no necesitaba más estimulantes, estaba a tope de hormonas de la médula suprarrenal, esas que te hacen aumentar la frecuencia cardiaca, la tensión arterial y dilatar la musculatura bronquial. Dichosa adrenalina. Si pudiese regularla a voluntad. Pero quia, no se deja, la muy hormona. Y para mas ende recuerda de su etapa estudiantil que su profesora de biología le enseñó que ejercen una acción simpatico-mimética. Pues de simpática no tenía nada aquella situación.
Súbitamente su cuerpo sufre un espasmo tal cual una crisis epiléptica y no era para tanto, simplemente alguien a sus espaldas le había puesto una mano en el hombro, puf, pero eso, en su estado de ansiedad no se hacía, no señor, por supuesto que no se hacía, el susto había sido morrocotudo, se vertió el vaso de café encima, medio vaso tan solo, pues aun le quedaban reflejos para controlar la situación. Mierda.
-Vaya como te has puesto, si llego a saber que reaccionas así le comentó su hermano no sabía que te ibas a asustar de esa manera, lo siento.
-No te preocupes, no pasa nada le respondió estoy algo nervioso y alterado.
-¿Todavía no se sabe nada? ¿Quieres otro café? preguntó de carrerilla como si fuese una sola y la misma pregunta Ya lleva mucho tiempo dentro.
-Dos horas y aún no se nada. Ya llamaran.
-¿De veras no quieres otro café? Deberías intentar limpiarte algo la mancha con agua, sino nunca te saldrá, las manchas de café son rebeldes.
-Tú si que eres rebelde, mira como me has puesto dijo, recuperando parte de su serenidad y aplomo- la factura de la tintorería la pagas tú.
-Me preocupa más su estado psicológico que el físico comentó cambiando radicalmente de tema de conversación, lo soltó como si lo hubiese estado rumiando durante horas- es como si no tuviese ganas de luchar.
-Es normal, eso suele pasar-le respondió su hermano- pero es pasajero.
-Le preocupa mucho su aspecto, los efectos secundarios del tratamiento la han destrozado.
-Es normal, las mujeres son muy vanidosas y presumidas, les gusta estar siempre guapas y arregladas, pero verás como pronto vuelve a crecerle el pelo, y hasta entonces, hay pelucas que apenas se notan que lo son.
-Si, pero hay ciertas cosas que una vez cortadas no vuelven a crecer jamás.
-¿Por qué lloras, cariño? Le preguntó él a su mujer al día siguiente de la intervención quirúrgica Ya ha pasado todo, ha salido todo bien. No llores mas, por favor.
- Si no lloro, sólo es que quizá si no hubiese esperado tanto en ir al médico, quizá ahora
-Ahora seguimos juntos, y seguiremos luchando, ahora que sabemos quien es el enemigo le derrotaremos, no habrá tregua alguna.
-Si lloro por algo es porque me siento menos mujer, incompleta, porque nunca volveré a ser la misma hablaba temblándole los labios Ya no tengo edad para amamantar, pero aún se conservaban tersos y firmes y ahora siento un vacío al que no podré acostumbrarme, si lloro es porque estoy mutilada, y porque siento que quizás ya no te guste a ti de la misma forma que antes, me siento fea, deforme, como una caricatura, cuando palpo mi pecho izquierdo y ya no lo encuentro, me falta algo que siempre fue mío y ya no está..
-No seas tontina dijo él sonriéndola amablemente- yo te querré igual. ¿Que digo? , te quiero más aún todavía ahora que sé que he podido perderte, me he dado cuenta de lo importante que eres en mi vida, lo que te necesito, y un maldito cáncer de mama no acabará con nosotros.
Te quiero más que nunca.
Y seguiremos luchando, seguiré luchando a tu lado hasta derrotarlo.
-O hasta que él nos venza. sentenció dramáticamente ella- Ha empezado ganando.
Y estaba allá en la sala de espera, nervioso, inquieto, mordiéndose las uñas, imposible estar sentado más de cinco minutos seguidos. En su derredor se movían familias enteras de hasta tres generaciones, abuelos, padres y nietos, y un murmullo de cafetería más que de una sala de espera de la antesala de las mesas de operaciones, de los quirófanos, se difuminaba a su alrededor, pero él se diferenciaba de todos ellos, sentado, tamborileaba con su pie derecho sobre las enceradas baldosas de la sala de espera, no era nerviosismo únicamente, era preocupación y miedo, estaba aterrado. Salió al pasillo y como un autómata sacó un café con leche de la máquina. Vaya una estupidez. Tomarse un café, con lo nervioso que estaba. Y además abrasaba. Joder, se había quemado los labios, y el palillo para remover el azúcar se hallaba perdido en el maremagnum de la capa espumosa superior. Su cuerpo no necesitaba más estimulantes, estaba a tope de hormonas de la médula suprarrenal, esas que te hacen aumentar la frecuencia cardiaca, la tensión arterial y dilatar la musculatura bronquial. Dichosa adrenalina. Si pudiese regularla a voluntad. Pero quia, no se deja, la muy hormona. Y para mas ende recuerda de su etapa estudiantil que su profesora de biología le enseñó que ejercen una acción simpatico-mimética. Pues de simpática no tenía nada aquella situación.
Súbitamente su cuerpo sufre un espasmo tal cual una crisis epiléptica y no era para tanto, simplemente alguien a sus espaldas le había puesto una mano en el hombro, puf, pero eso, en su estado de ansiedad no se hacía, no señor, por supuesto que no se hacía, el susto había sido morrocotudo, se vertió el vaso de café encima, medio vaso tan solo, pues aun le quedaban reflejos para controlar la situación. Mierda.
-Vaya como te has puesto, si llego a saber que reaccionas así le comentó su hermano no sabía que te ibas a asustar de esa manera, lo siento.
-No te preocupes, no pasa nada le respondió estoy algo nervioso y alterado.
-¿Todavía no se sabe nada? ¿Quieres otro café? preguntó de carrerilla como si fuese una sola y la misma pregunta Ya lleva mucho tiempo dentro.
-Dos horas y aún no se nada. Ya llamaran.
-¿De veras no quieres otro café? Deberías intentar limpiarte algo la mancha con agua, sino nunca te saldrá, las manchas de café son rebeldes.
-Tú si que eres rebelde, mira como me has puesto dijo, recuperando parte de su serenidad y aplomo- la factura de la tintorería la pagas tú.
-Me preocupa más su estado psicológico que el físico comentó cambiando radicalmente de tema de conversación, lo soltó como si lo hubiese estado rumiando durante horas- es como si no tuviese ganas de luchar.
-Es normal, eso suele pasar-le respondió su hermano- pero es pasajero.
-Le preocupa mucho su aspecto, los efectos secundarios del tratamiento la han destrozado.
-Es normal, las mujeres son muy vanidosas y presumidas, les gusta estar siempre guapas y arregladas, pero verás como pronto vuelve a crecerle el pelo, y hasta entonces, hay pelucas que apenas se notan que lo son.
-Si, pero hay ciertas cosas que una vez cortadas no vuelven a crecer jamás.
-¿Por qué lloras, cariño? Le preguntó él a su mujer al día siguiente de la intervención quirúrgica Ya ha pasado todo, ha salido todo bien. No llores mas, por favor.
- Si no lloro, sólo es que quizá si no hubiese esperado tanto en ir al médico, quizá ahora
-Ahora seguimos juntos, y seguiremos luchando, ahora que sabemos quien es el enemigo le derrotaremos, no habrá tregua alguna.
-Si lloro por algo es porque me siento menos mujer, incompleta, porque nunca volveré a ser la misma hablaba temblándole los labios Ya no tengo edad para amamantar, pero aún se conservaban tersos y firmes y ahora siento un vacío al que no podré acostumbrarme, si lloro es porque estoy mutilada, y porque siento que quizás ya no te guste a ti de la misma forma que antes, me siento fea, deforme, como una caricatura, cuando palpo mi pecho izquierdo y ya no lo encuentro, me falta algo que siempre fue mío y ya no está..
-No seas tontina dijo él sonriéndola amablemente- yo te querré igual. ¿Que digo? , te quiero más aún todavía ahora que sé que he podido perderte, me he dado cuenta de lo importante que eres en mi vida, lo que te necesito, y un maldito cáncer de mama no acabará con nosotros.
Te quiero más que nunca.
Y seguiremos luchando, seguiré luchando a tu lado hasta derrotarlo.
-O hasta que él nos venza. sentenció dramáticamente ella- Ha empezado ganando.
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